Miguel Franjul
Como la mayor parte de las noticias o contenidos de interés se buscan, se leen o se comparten más en el ecosistema digital, hay que tener buen tacto para llegar a esa audiencia.
Aunque parezca homogénea en el sentido de que opera en las plataformas digitales mas que en los periódicos impresos u otros medios tradicionales, no lo es en realidad.
Y en función de esos intereses o preferencias dirigen sus búsquedas hacia las fuentes o plataformas que regularmente les brindan lo que andan buscando.
En esta compleja amalgama de audiencias específicas, está surgiendo un grupo peculiar, comprendído entre los 18 y los 24 años, que según los estudios emerge ahora como el nicho apetecible de consumidores.
Se inclinan , más que nada, por productos digitales audiovisuales, más que por las noticias en texto.
Esto plantea un escenario desafiante de presente y futuro para los impresos que, a diferencia de los digitales, no cuentan con sistemas ágiles de detección, tipificación y validación de sus usuarios.
Los modelos de investigación directa, mediante sondeos o entrevistas, permitían antes a los periódicos impresos conocer algo de sus lectores o suscriptores, pero ahora el campo de atención y de atracción está en los digitales.
Los algoritmos de la Inteligencia Artificial están entrenados para identificar el tipo de usuarios regulares u ocasionales, sus edades y status socio económico, los países donde viven, lo que consumen en plataformas digitales, las horas en que lo hacen y el tiempo que le dedican a sus búsquedas.
Esta información básica es la que está llamando la atención sobre el emergente segmento de los 18-24, y el peso específico que está cobrando en el conjunto de la audiencia global.
El medio que no conozca cuáles son las preferencias de estos jóvenes, y luego cómo llegar a ellas sistemáticamente para captarlas, corre el riesgo de quedarse rezagado.
La ventaja que tienen los digitales para lograr estos diagnósticos no la tienen los impresos, pero ya deberían ir asumiendo las nuevas tendencias en cuanto a formatos y contenidos para ajustar los suyos , dentro de lo posible, a lo que el mercado de consumidores está demandando.
No hacerlo también implica quedar rezagado a la hora de trasvasar al digital parte de sus contenidos “premium” o exclusivos.






