José Luis Malkun
Las bandas haitianas se mueven como las cucarachas. Difícil de encontrarlas y más difícil de matarlas. Se esconden en callejones, basureros, alcantarillas, casas deshabitadas. Son imposibles de rastrear, encontrar su nido, sorprenderlas sin darle tiempo de escapar.
Ni los ejércitos haitianos, salvadoreños, guatemaltecos, kenianos, jamaiquinos o de cualquier parte del mundo, pueden eliminar esas cucarachas por si solos.
Pero acompañados de muchas arañas pueden hacerlo. ¿Y quiénes son esas arañas? LOS MERCENARIOS. Con la contratación de 2 mil de estas arañas, las cucarachas desaparecen en pocos meses.
Cuando los servicios de inteligencia (CIA, FSB, MOSSAD, MI6), deciden eliminar un terrorista, un físico nuclear o un disidente, contratan los llamados “OPERATIVOS” que no son otros que MERCENARIOS a sus servicios. En todas la guerras hay mercenarios contratados por los gobiernos. Muchos dirán, que son gente sin banderas y despiadados. También costosos; pero rara vez fallan en su misión.
¿Y como quieren acabar con las bandas haitianas que queman ciudadanos en las calles, los cuelgan de los árboles, masacran familias enteras y controlan el 90% de Puerto Principe, donde viven 2.6 millones de personas? ¿Con soldaditos que temen morir lejos de su patria, que desconocen el terreno que pisan, que están siempre a la defensiva? No, no, no, no.
Las arañas estudian el terreno, van tras su presa, encuentran sus escondites y buscan las cabezas que dirigen (Y FINANCIAN) las demás cucarachas para decapitarlas. Solo un ejército de mercenarios, apoyando a los ejércitos regulares, puede eliminar a esos malnacidos.
Datos espeluznantes de la ONU afirman que 1.6 millones de personas han huido de sus hogares que ahora controlan las cucarachas y la FAO estima que 6 millones de haitianos sufren hambruna severa.






