Dalton Herrera
El Partido Revolucionario Moderno (PRM) ahora sufre de «sensibilitys aguda», un síndrome que relaja los niveles de tolerancia y enferma de fiebre a cualquiera de sus funcionarios al minuto de ser tocado por el pétalo de una rosa.
No le gusta que la gente le llame «Ley Mordaza» a algunos tópicos del nuevo Código Penal, Ley 74-25, sobre todo a los que tienen que ver con la libertad de expresión, que castiga con cárcel a quienes «difamen» a través de los medios de comunicación o plataformas digitales.
Les molesta que se le tilde de reforma fiscal al supuesto «plan anticrisis», un eufemismo que, más que engañar a los ciudadanos, los irrita, porque muchos en el Palacio Nacional creen que gobiernan a idiotas. Y eso no hace más que exacerbar el malestar de la población.
El PRM, junto con quienes se disfrazaban de sociedad civil y que hoy en día están en las nóminas estatales, marchó durante tres años de manera ininterrumpida. Muchos de sus voceros, que eran periodistas y «activistas sociales», escupían desde las televisoras, radios y periódicos que el PLD era una organización de delincuentes. Nunca pisaron una celda por difamar o destruir reputaciones.
Cuando alguno de los funcionarios del PLD osaba responder o enviar una carta al canal o medio de prensa, entonces seguía la siguiente fase: la victimización.
Los tuits no dejan margen de duda. Hay un posteo para cada ocasión. El PRM gobernante, hoy enfermo de «sensibilitys aguda», dijo de todo, sin límites, para subir las escalinatas del Palacio Nacional. Inclusive, creó monstruos digitales para descabezar al PLD.
Hoy sus antiguos aliados se les han virado, tal como el monstruo creado por el doctor Víctor Frankenstein, quien asesinó a su mejor amigo, Henry Clerval, e hizo de la vida de su creador un total infierno.







