La prevención es la mejor herramienta. Comprar en lugares certificados, mantener la cadena de frío y cocinar la carne a temperaturas adecuadas reduce el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos
El consumo de carne en mal estado representa un riesgo directo para la salud pública, pues puede provocar intoxicaciones alimentarias graves. Aunque a simple vista la pieza parezca fresca, existen señales sutiles que permiten detectar su deterioro. El carnicero Epifanio Meran Familia explica que el color, el olor y la textura son indicadores esenciales. Una carne que comienza a descomponerse puede mostrar un tono más apagado, con áreas grisáceas o verdosas, aun cuando conserve partes rojizas. El olor, aunque leve, tiende a ser ácido o dulzón, distinto al aroma metálico característico de la carne fresca. La textura también delata el estado: si al tacto resulta viscosa o pegajosa, es señal de proliferación bacteriana.
Otro aspecto clave es la fecha de caducidad y las condiciones de almacenamiento. Una carne que ha permanecido demasiado tiempo fuera de refrigeración, incluso sin cambios visibles, puede estar contaminada. Los expertos recomiendan observar el empaque: bolsas infladas o con líquido excesivo son signos de descomposición. En el caso de carnes procesadas, como embutidos, la presencia de manchas o un sabor amargo anticipan que el producto ya no es apto para el consumo.
La prevención es la mejor herramienta. Comprar en lugares certificados, mantener la cadena de frío y cocinar la carne a temperaturas adecuadas reduce el riesgo de enfermedades transmitidas por alimentos.







