Federico A. Jovine Rico
Las ciencias políticas se expresan a través de libros o tratados, la política real se expresa a través de frases que la sabiduría popular hace suyas, porque reflejan la realidad del poder en toda su dimensión.
Cada frase popular encierra una sabiduría y una comprensión de la naturaleza humana que desborda cualquier capacidad de análisis convencional. Desde “Una cosa piensa el burro y otra el que lo apareja”, “Si quieres conocer a Mundito, dale un mandito”, “El poder no cambia a nadie, sólo refleja lo que cada quien es”, hasta “Es mejor estar arriba con presión que abajo con depresión”, cada refrán derrama conocimiento; uno aprendido a lo largo de décadas a golpes de prueba y error.
Nada refleja con más precisión el drama actual que vive el gobierno del PRM, que el refrán “Una cosa es con guitarra, y otra con violín”; y no sólo en su interpretación clásica de que una cosa es criticar desde la oposición al gobierno de turno, de manera estruendosa y haciendo todas las promesas posibles (guitarra), y otra es verse obligado a actuar diferente desde la realidad y el pragmatismo que exige el poder, es decir, parsimoniosamente y sin ruidos (violín).
El problema no son los videos o discursos prometiendo esto o aquello, o que ahora le saquen incumplimientos de gestión o de actuación, sino que le toquen cacerolas, le hagan protestas en la Plaza de la Bandera y le prendan las redes sociales con descalificaciones o insultos.
Lo peor no son las acciones de protesta como tal, que eso es la democracia y hay derecho a ello; lo peor es la reacción del gobierno como tal y de algunos funcionarios y legisladores, que no sólo desconocen la esencia de las protestas, sino que caen en la torpeza política de descalificarlas, ningunear a sus participantes, o etiquetarlas como actividades políticas organizadas por la oposición.
El gobierno que gobierne, que en términos democráticos el consenso ya se hizo en mayo de 2024 y el próximo consenso se hará en 2028. Al final, la gente lo que quiere (y merece) es una gestión de gobierno más eficiente, ejecutiva y ágil, que mejore su calidad de vida y le permita dignamente cubrir sus necesidades básicas. Y tienen todo el derecho a reclamarlo.







