La Redacción
Santo Domingo
Ramón Orlando se ha propuesto uno de los desafíos más grandes de sus 50 años de carrera e ioncluso ha navegado en contra de muchos que le han aconsejado usar otro aforo. Se ha propuesta llevar su música al Estadio Olímpico Félix Sánchez, un escenario que pocos artistas dominicanos han conseguido conquistar con espectáculos propios.
A sus 67 años, el pianista, compositor, arreglista, cantante y productor pretende convertir el próximo 23 de septiembre el principal estadio del país en una celebración de cinco décadas de música, acompañado por más de 60 artistas y con una producción que contempla más de seis horas de espectáculo.
El Estadio Olímpico cuenta con 24 mil asientos, pero para espectáculos grandes su capacidad casi se duplica cuando se usa parte del terreno.
La pregunta que comienza a rodear el espectáculo es inevitable:
Una parte fundamental de su legado está en las orquestas, cantantes, arreglos y producciones que llevaron su sello, en una época particularmente fértil para el merengue dominicano.
Hijo del legendario Cuco Valoy, Ramón comenzó profesionalmente siendo prácticamente un adolescente.
En 1975 se incorporó a Los Virtuosos, la agrupación de su padre, donde desempeñó funciones que anticipaban lo que posteriormente caracterizaría su carrera: pianista, arreglista, compositor y cantante. La agrupación evolucionaría hacia La Tribu y alcanzaría importante proyección internacional, especialmente en Colombia.
Ramón no era simplemente otro músico dentro de la orquesta.
Su formación y capacidad para realizar arreglos fueron aportando una sonoridad moderna a la propuesta de Cuco Valoy y convirtiéndolo progresivamente en una figura con identidad musical propia.
Peter Cruz y Henry García
Uno de los capítulos fundamentales llegaría posteriormente con Peter Cruz y Henry García.
Ambos cantantes estuvieron estrechamente ligados a la etapa en que Ramón Orlando desarrolló su propio proyecto musical y posteriormente a la Orquesta Internacional, donde Ramón asumió fundamentalmente la composición, los arreglos y la dirección musical mientras las voces principales recaían en los cantantes.
Mientras otros líderes de orquesta construyeron su imagen principalmente alrededor de su propia voz, Ramón Orlando desarrolló buena parte de su prestigio detrás del piano y de los cantantes.
La orquesta podía cambiar de intérprete, pero la arquitectura musical llevaba su sello.
Peter Cruz y Henry García son dos nombres esenciales de esa historia y ambos forman parte del universo artístico asociado a Ramón Orlando. Peter Cruz, de hecho, figura entre los artistas anunciados para acompañarlo en la celebración del Olímpico.
La Orquesta Internacional
En la segunda mitad de los años 80 llegó la Orquesta Internacional, uno de los proyectos que terminaría consolidando su nombre. La agrupación surgió en un momento en que el merengue vivía una extraordinaria competencia.
Las orquestas necesitaban producir canciones constantemente, desarrollar una sonoridad reconocible y disponer de cantantes capaces de convertirse en figuras frente al público.
Ahora viene el escenario más difícil
Toda esa historia desemboca ahora en una apuesta de enorme dimensión. Para que sus graderías y el área de terreno transmitan visualmente la sensación de un concierto multitudinario hacen falta más de 30 mil de personas.
Por eso presentarse allí se ha convertido en una especie de prueba de fuego de la capacidad de convocatoria de los artistas dominicanos.
La lista de quienes lo han conseguido es reducida.
Entre los dominicanos citados por registros periodísticos como protagonistas de grandes llenos en el Olímpico figuran Juan Luis Guerra, Romeo Santos, Aventura, Pochy Familia con la Coco Band y El Alfa. También se registra el fenómeno infantil de Isha entre los espectáculos dominicanos que consiguieron grandes convocatorias.
Juan Luis Guerra ha protagonizado varias noches multitudinarias allí.
Romeo Santos llevó su fenómeno de la bachata al estadio y Aventura ha ido todavía más lejos: en diciembre de 2024 realizó cuatro funciones consecutivas en el Olímpico, un hecho sin precedentes para un artista o agrupación en ese recinto
En 2022, El Alfa se convirtió en el primer exponente urbano dominicano en asumirlo con un concierto de esa dimensión, congregando unas 45,000 personas según los organizadores.







