Ricardo Pichardo
La respuesta sencilla a esta pregunta es simplemente: NO. Muchas personas piensan que su fe es un impedimento para asistir a una consulta psicológica. Detrás de esto hay un temor a “fallarle” a Dios si buscan solucionar su dolor emocional dejándose acompañar por profesionales de la conducta.
No hay riña entre la fe y la psicología. Todo lo contrario. Cuando la fe forma parte del sistema de valores del paciente, puede ser un recurso importante dentro de su proceso terapéutico. Lo que sí es contraproducente es negar las emociones o no aceptarlas por la falsa creencia de que no puedo permitírmelas debido a mis creencias espirituales.
Nada más lejos de la verdad. Si no eres feliz, si sientes que tiendes a la amargura, a no sentirte bien contigo mismo ni con los demás, si sientes que, por más que lo intentas, no experimentas el bienestar que deseas, eso no significa necesariamente que no tengas suficiente fe. Puede significar que hay un pasado que te ha marcado, heridas que están influyendo en tu manera de vivir y que quizá no reconoces, o ideas que aprendiste y que hoy resultan disfuncionales y no te permiten disfrutar plenamente de la vida.
Las heridas psicológicas no aparecen de la nada. Se van estableciendo en el vínculo, en la realidad que nos tocó vivir en casa, en la disponibilidad emocional, o en la ausencia de ella, de nuestras principales figuras de apego, ya sean nuestros padres o cuidadores.
Por otro lado, lo que no puede suceder es que el psicólogo te imponga sus propias creencias. Un profesional, en todo el sentido de la palabra, no debería tratar de convencerte de adoptar una religión determinada. Por el contrario, debe trabajar respetando tus valores y creencias, y ayudarte a comprenderte, afrontar tus dificultades y potenciarte como persona.
De la misma manera que, cuando padecemos un malestar estomacal, acudimos al gastroenterólogo, o si tenemos una condición cardíaca hacemos una cita con el cardiólogo y seguimos sus indicaciones, también podemos acudir a un profesional de la psicología o de la psiquiatría cuando nuestro mundo emocional necesita atención, sin que esto tenga que entrar en conflicto con nuestra fe.
Tengo muchos pacientes que han venido a consulta con temor y culpa. Puedo sentir su preocupación por estar “pecando” debido a la falsa creencia de que su fe no es suficiente para sobrellevar un duelo, una ruptura amorosa traumática, una infidelidad por parte de su pareja o cualquier otro evento que afecta su vida y su salud en sentido general.
Buscar ayuda psicológica no significa que tengas poca fe. Significa que reconoces que estás sufriendo y que también mereces acompañamiento para comprender y sanar ese sufrimiento.
La fe puede ser un refugio, una fuente de esperanza y sentido. La psicología puede ayudarnos a comprender lo que nos pasa y a desarrollar recursos para afrontarlo. Una cosa no tiene por qué excluir a la otra.
Quizás la pregunta no sea si para buscar ayuda psicológica necesito menos fe, sino:
¿Y si buscar ayuda también fuera una manera de cuidar la vida que Dios me ha dado?






