Rafael Chaljub Mejía
No comentaré la aplastante derrota que le han propinado a Donald Trump, porque considero que a los tantos análisis de tanta gente mejor informada y con más luces que yo, no tengo mayor cosa que agregar.
Me limito a manifestar la profunda alegría de comprobar que los pueblos del mundo están destruyendo el engaño que nos quisieron hacer creer de que ya la historia había terminado, que los pueblos del mundo habían alcanzado su mayor nivel de bienestar y felicidad gracias al sistema capitalista y, que en consecuencia, la lucha por transformaciones sociales había perdido razón de ser.
Precisamente la derrota de Trump y su camarilla imperialista no llega sola, sino precedida de la derrota yanqui en Irán, del triunfo electoral de Lula da Silva en Brasil y del levantamiento en rebelión cívica de los pueblos de Europa. Esos pueblos han estremecido al mundo con sus portentosas movilizaciones y ahora mismo líderes de movimientos obreros y populares de siete países europeos están reunidos para coordinar la acción conjunta.
Un gobierno de ese partido nos ocupó militarmente y sembró el terror en este suelo desde el 1916 al 1924; otro presidente demócrata nos volvió a invadir el 28 de abril de 1965. Pese a eso, me siento hasta tentado a darle las gracias primero al pueblo norteamericano y después al mismo Partido Demócrata por haber bajado del caballo a ese perturbador de la paz mundial, apoyador de genocidios con bombas como el de Gaza y autor de un genocidio silencioso, más bien escandaloso, como el que está cometiendo contra el pueblo cubano.
Pero como de historia viva se trata, dedico el presente artículo a conmemorar por adelantado tres grandes efemérides del pueblo dominicano que corresponden al presente mes. La del 19 de noviembre de 1961, cuando la lucha heroica de las masas que se sobrepusieron al terror impuesto por Trujillo desde 1930, puso en fuga a los herederos de ese déspota, que pretendía mantener la tiranía.







