Cristhian Jiménez
El luchismo de la ADP se hace más intenso en los inicios del año escolar, como presión a las autoridades educativas que bregan con llevar a las aulas a 2.6 millones de estudiantes. Dame más o te dificulto la apertura de la docencia, parece ser la divisa del gremio.
La elección del momento no es inocente y siempre el fondo es económico, aunque se añadan decenas de reclamos en “beneficio” de la educación y del estudiante.
Es un mecanismo de validación ante sus afiliados en momentos en que las “corrientes magisteriales” madrugan para las elecciones que renovará la directiva el próximo año. De ahí, las movilizaciones nacionales, paros regionales, provinciales, municipales, aunque el Tribunal Constitucional dictó que el derecho fundamental a la educación tiene primacía sobre el derecho a los paros que interrumpen las clases. Esto se ignora a diario, sin que haya consecuencias.
Hay otros reclamos que los propios dirigentes de ADP los datan de hace más de 10 años, pero los recuerdan siempre al inicio del año escolar en un pliego de reclamos que luce un programa de gobierno.
Hay deficiencias en el ámbito oficial, pero la actitud no debe ser provocar daño a los alumnos del ámbito público, mientras el sector privado continúa sus labores, ensanchándose cada día más brecha de posibilidades entre diferentes sectores sociales.
Difícil mejorar la educación en ese contexto…







