Por: Angela Falconery Díaz
Caminando por los talleres de Monción y sintiendo el aroma cálido del burén, es imposible no pensar en la inmensa travesía de nuestra historia.
El reciente reconocimiento del casabe como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO ha colocado a nuestra emblemática torta de yuca en el mapa de los grandes tesoros del planeta. Sin embargo, los más grandes legados no solo se celebran en los anaqueles internacionales o en los libros de historia; deben vivir y latir en el día a día de nuestra gente.
Al consumirlo, mantenemos viva nuestra memoria histórica gastronómica. De hecho, el casabe y la Chola se erigen hasta ahora como los únicos alimentos directos de nuestros antepasados aborígenes que han logrado trascender los siglos hasta llegar intactos a nuestras mesas de hoy. Y no hay mejor lugar para sembrar ese orgullo que en el corazón de nuestras escuelas, a través del Programa de Alimentación Escolar (PAE).
Hoy más que nunca, se alza la voz desde las comunidades productoras —con la cuna del casabe, Monción, a la cabeza— para plantear una meta transformadora: integrar este alimento milenario en la dieta diaria de los estudiantes de la República Dominicana.
Un alimento inteligente: Nutrición, practicidad y soberanía respaldadas por estadísticas oficiales
Llevar el casabe a las escuelas no responde a un capricho de la nostalgia, sino a razones técnicas, nutricionales y logísticas de un peso incalculable, alineadas con el impacto institucional del Instituto Nacional de Bienestar Estudiantil (INABIE) y los lineamientos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Poder nutricional y digestivo frente a los retos de salud:
Con un sistema que gestiona más de 1,000 millones de raciones alimenticias anuales a través del PAE, el Estado dominicano enfrenta el reto constante de elevar la calidad nutricional.
El casabe se presenta como un alimento libre de gluten, rico en fibra dietética y altamente digerible, idóneo para fomentar una nutrición limpia y libre de conservantes químicos en la población estudiantil.
La evolución del sabor y la nutrición funcional: lejos de estancarse, la tradición se ha renovado para cumplir con estándares modernos de alimentación saludable.
Hoy en día, las manos artesanas elaboran variantes que multiplican sus bondades:
Desde el casabe enriquecido con maní (una excelente fuente de proteínas vegetales y grasas saludables que incrementa el valor proteico del refrigerio), pasando por el delicioso casabe de ajonjolí (rico en calcio y hierro), las aromáticas finas hierbas con aceite de oliva (que aportan ácidos grasos cardiosaludables y antioxidantes), el infaltable toque del ajo (reconocido por sus propiedades antimicrobianas), hasta las versiones con dulces naturales como la guayaba, ideales para ofrecer alternativas atractivas y equilibradas a los estudiantes.
Conservación y logística insuperables:
Los informes operativos dobles del sector educativo señalan que la distribución en más de 5,000 centros educativos exige productos con alta estabilidad frente al clima tropical. A diferencia de otros perecederos, el casabe destaca por su incomparable tiempo de conservación y su facilidad de manejo sin requerir cadena de frío. Es un alimento logísticamente resiliente que evita mermas por descomposición en el traslado hacia zonas apartadas.
Economía local y circuitos cortos de comercialización:
Bajo el marco de que la República Dominicana mantiene indicadores sólidos de seguridad alimentaria avalados por la *FAO*, el fortalecimiento de la producción local es clave. Incluir el casabe en la dieta escolar dinamiza de manera directa la economía rural, apoyando a los agricultores de yuca y a las micro, pequeñas y medianas empresas familiares que mantienen encendidos los burénes en la Línea Noroeste y todo el país.
Uniendo voluntades por la niñez dominicana
Hacer realidad esta visión exige sumar las voces de quienes han dedicado su vida a proteger este legado. Desde los frentes gremiales, lideresas como Diosmary Duran, presidenta de la asociación de casaberos, junto a maestras y guardianas de la tradición como Doña Mechi (Cándida Mercedes) y visionarios industriales como Don Nicolás Almonte y todos los que forman parte de la Asociación de Casaberos de Moncion han demostrado que el sector productivo está listo para asumir el reto con calidad, estándares de inocuidad y compromiso absoluto.
El llamado está hecho y apunta directamente a las autoridades del Ministerio de Educación y del INABIE. Así como celebramos con júbilo que el mundo entero reconociera el valor del casabe, demos el paso coherente en casa: transformemos nuestro patrimonio en el pan cotidiano de nuestras escuelas.
Involucrar el casabe en el desayuno escolar es mucho más que ofrecer un alimento nutritivo; es educar el paladar de las nuevas generaciones en el amor por lo nuestro, cerrando el círculo perfecto entre nuestra soberanía alimentaria, la historia taína y el futuro de la patria.
Angela Falconery Díaz es Especialista en Comunicación Política. Actualmente se desempeña como Embajadora de la Escuela de Negocios Europea de Barcelona (ENEB), de la Fundación More Latinoamérica y del Foro Mundial de Relaciones Públicas, Protocolo y Eventos.






