Amado Alejandro Díaz
Primer paso: Inversión inteligente
¿Cuál Administradora de Riesgos de Salud (ARS) ofrece los mejores resultados a sus afiliados? ¿Qué hospital tiene las tasas de complicaciones más bajas? ¿Qué clínica ofrece mayor seguridad a sus pacientes? ¿Qué médicos obtienen mejores resultados en sus respectivas especialidades?
Son preguntas fundamentales que cualquier ciudadano debería poder responder. Sin embargo, en República Dominicana carecemos de una plataforma abierta, integral y científicamente validada que permita comparar objetivamente la calidad de los actores del sistema de salud. ¿Cómo podemos hablar de calidad sin herramientas para medirla y compararla?
Después de 25 años, debemos comprender que la afiliación no implica necesariamente un acceso efectivo y que el acceso no garantiza la calidad. Si la gran conquista de la reforma del 2001 fue ampliar la cobertura, la gran misión de la próxima reforma (Salud 2.0) debe ser garantizar la calidad.
Recientemente participé en RD Debate, un espacio del Consejo de Desarrollo Económico y Social de Santo Domingo. Allí planteé tres transformaciones fundamentales:
2- Financiamiento sostenible, garantizando recursos suficientes y mecanismos eficientes para sostener un sistema equitativo y financieramente responsable.
3- Fortalecimiento de la atención primaria, colocando la prevención, la comunidad y la continuidad asistencial en el centro de nuestro modelo sanitario.
Nuestro sistema registra afiliaciones, consultas, procedimientos, hospitalizaciones y facturación. Pero ¿sabemos realmente qué resultados obtenemos con esa inversión? ¿Qué valor genera cada peso invertido?
Una ARS administra millones de afiliados, pero ¿conocemos sus indicadores de acceso oportuno, de control de enfermedades crónicas o de prevención de hospitalizaciones evitables?
Cuando elegimos un médico, ¿contamos con información objetiva sobre la calidad y los resultados, o dependemos principalmente de la reputación y las recomendaciones personales?
La calidad no puede seguir siendo una percepción; debe convertirse en información verificable. La ciencia de datos, los registros clínicos electrónicos y la inteligencia artificial ofrecen oportunidades para transformar esta realidad.
Propongo desarrollar una Plataforma Nacional de Transparencia, Calidad y Valor en Salud, que permita integrar indicadores comparables del desempeño de las ARS, hospitales, clínicas y profesionales sanitarios.
Esta plataforma podría incorporar métricas de acceso, oportunidad, seguridad del paciente, resultados clínicos, complicaciones, continuidad asistencial y experiencia de los usuarios.
Naturalmente, cualquier comparación debe ajustarse por la gravedad, la complejidad clínica y las características de las poblaciones atendidas. No podemos comparar directamente un hospital de alta complejidad con un centro de menor capacidad resolutiva.
El objetivo no sería castigar a instituciones ni individuos, sino identificar buenas prácticas, reconocer la excelencia y promover la mejora continua.
La transparencia debe conducir a una transformación más profunda: cambiar progresivamente la manera en que compramos servicios de salud; la solución: competencia basada en valor.
Actualmente, gran parte de los incentivos económicos del sistema están vinculados al volumen de servicios prestados. Más consultas, procedimientos y hospitalizaciones pueden implicar mayores ingresos, aunque no necesariamente mejores resultados.
Necesitamos evolucionar hacia mecanismos de compra estratégica y de remuneración basada en valor, en los que las ARS y los compradores públicos incorporen indicadores verificables de calidad y resultados en sus contratos con los prestadores.
Imaginemos incentivos para hospitales que reduzcan las complicaciones quirúrgicas, redes asistenciales que mejoren el control de la diabetes o aseguradoras que garanticen el acceso oportuno y la continuidad de la atención.
Esto no implica eliminar los modelos tradicionales de pago, sino complementarlos progresivamente con incentivos que recompensen mejores resultados, la eficiencia y la seguridad.
La competencia saludable debe basarse en la calidad, no solo en precios, publicidad o volumen de servicios.
Esta propuesta requiere liderazgo regulatorio, participación de aseguradoras, prestadores, sociedades médicas, universidades y pacientes. También exige la protección de datos, estándares científicos y auditorías independientes.
La información debe servir tanto para orientar las decisiones ciudadanas como para fortalecer la regulación y mejorar la asignación de recursos.
No se trata solo de invertir más, sino de invertir mejor.
La Reforma de Salud 2.0 debe construir sobre los logros de 2001. Pasamos de la necesidad de afiliar a nuestra población al desafío de garantizar que cada afiliado reciba atención oportuna, segura y efectiva.
La próxima gran conquista dominicana no debe medirse únicamente por cuántas personas tienen seguro, sino por la calidad de la atención que reciben y los resultados que alcanzamos.
La reforma del 2001 nos acercó a la cobertura universal. La Reforma 2.0 debe acercarnos a la calidad universal.
El autor es diplomático, académico y decano asociado en la UNPHU.






