J.C. Malone
La vida útil de un político son cuatro años. Cuando deben dar el salto cuántico, para dejar de ser políticos, y convertirse en “estadistas”, muchos quedan colgados.
Por eso los segundos períodos terminan siendo traumáticos, para el gobernante que debe evolucionar en estadista, y para los gobernados, que sufren las malas decisiones del presidente.
Ganar las elecciones requiere audacia, convertirse en “estadista” requiere una “madera” especial que escasea, quien tiene las condiciones, entra al “salón de la fama” de la política.
En el segundo período de Bill Clinton, estalló el escándalo de Monica Lewinsky; terminando su segundo período, a George W. Bush, le colapsó Wall Street. A Barack Obama le mataron su embajador en Bengazi, Libia.
El IRS admitió que auditaba a las organizaciones derechistas; y el Departamento de Justicia, que espiaba a periodistas. Vivimos el segundo período de Donald Trump, la guerra de Irán, su crisis energética y la carestía.
Empezando el segundo período de Abinader, estalló el escándalo del Seguro Nacional de Salud, miles de millones dilapidados e incontables vidas perdidas. Seis años y 9,000 millones de pesos después, no reformó policía, le compró uniformes y armas nuevas, pero la delincuencia común y la policial ahogan el país.
Su gobierno se ha caracterizado por un carnaval de escándalos de corrupción y narcotráfico, ahora quiso hacer aprobar una “Ley Mordaza”, para evitar críticas a su gobierno.
En seis años gobernando, Abinader no ha resuelto ningún problema básico del país.
En dos años terminará el segundo mandato de Abinader, mucha gente cree que su final será bastante traumático.







