Altagracia Suriel
A propósito del auge que está cobrando el nacionalismo y los discursos extremistas e intolerantes a nivel mundial, hay que reflexionar sobre estos fenómenos vinculándolos a la nación y a la democracia.
Desde la teoría política, la nación hace referencia a un pasado común, a idiosincrasia, cultura y otros rasgos que caracterizan a la nación como pueblo.
El fortalecimiento de la nación propicia el cuidado de identidad nacional como valor y sostén del Estado y la democracia. Ser una nación, ser dominicanos implica un compromiso con la ciudadanía responsable, participativa y que defienda lo nuestro desde el cumplimiento de las leyes, la ética y la participación social.
Gracias a Dios son muy pocos, pero hay quienes en este país defienden la vuelta al trujillismo como estrategia de recuperación del orden, el cumplimiento de las leyes y un control fuerte de la migración.
Muchos discursos extremistas se encubren en un supuesto patriotismo que entienden que lo mejor es el garrote, la mano dura y el régimen del terror.
El totalitarismo lo que produce siempre es miedo, violencia y muerte y privilegios ilimitados para la clase gobernante.
La mejor defensa de la nación es la preservación de la democracia que hasta ahora ha demostrado ser el mejor régimen político porque protege las libertades y los derechos humanos.
Como dijo Benito Juárez: “La democracia es el destino de la humanidad; la libertad su brazo indestructible”.







