Andrés Tovar
Hay libros que llegan en el momento oportuno para aportar a la reflexión sobre una época. «Prensa, Educación y Cultura», del doctor Vinicio A. Cabrera, y que llegó a mis manos esta semana por cortesía del autor, destacado académico y periodista dominicano, pertenece a esa categoría: parece una obra sobre tres oficios, pero en realidad aborda una misma responsabilidad perdida. La prensa informa, la escuela forma y la cultura da sentido pero, cuando una de esas tres fuerzas se debilitan, alguien más termina escribiendo la personalidad colectiva. Y ese alguien, hoy, tiene forma de algoritmo.

Cabrera acierta al situar el problema donde corresponde: en la formación de la nueva prole sociocultural. El libro entiende que periodistas, docentes y gestores culturales ya no pueden actuar como intermediarios inocentes. Cada titular, cada clase, cada programación artística y cada relato público modelan la percepción, la conducta y la convivencia.
La obra tiene un valor particular porque no cae en la nostalgia. No propone regresar a un mundo anterior al ecosistema digital. Propone pensar con más rigor dentro de él. Por eso dialoga tan bien con reflexiones similares, encabezadas hoy por la Magnifica Humanitas, de León XIV, cuando advierte que la comunicación no consiste únicamente en transmitir datos, sino también en crear cultura. Esa coincidencia no es menor. Ambos textos entienden que la inteligencia artificial no amenaza solo empleos o rutinas profesionales; compromete la custodia misma de la persona cuando permitimos que la eficiencia sustituya al discernimiento.
Por eso “Prensa, educación y cultura” debe leerse como una invitación y también como una advertencia. Invita a desaprender, volver a pensar y reconstruir la responsabilidad profesional, pero también cuestiona nuestra comodidad: hemos confundido producir contenidos con formar conciencia. Y, en la era de la inteligencia artificial, la verdadera modernidad consistirá en preservar lo humano.







