Pablo McKinney
La sociedad dominicana atraviesa tiempos difíciles, marcados por la antifé y un electorado “harto ya de estar harto”. La reciente encuesta de ACD confirma nuestras sospechas: el 60% afirma que la Presidencia le inspira poca o ninguna confianza; el Congreso, 68.7%; el sistema de Justicia, 70.4%; la Policía Nacional, 67.2%; los partidos políticos, 68.9%; y los medios de comunicación, 50.3%.
Esos seis actores son pilares de toda democracia; su crisis de credibilidad es, por tanto, una crisis de confianza en la propia democracia. Además, en un escenario en el que un hegemón no acaba de morir y otro no termina de nacer (Gramsci), ha emergido un “Nerón anaranjado” que amenaza constantemente la paz social.
La inseguridad ciudadana encabeza la lista de problemas (21.6%), seguida de cerca por la crisis económica, el alto costo de la vida, la falta de empleo y el abuso policial. La mayoría considera que la situación del país ha empeorado en aspectos clave: precios de la canasta familiar (75.5%), medicamentos de alto costo (53.1%), creación de empleos (54.3%), educación pública (45.2%), seguridad ciudadana (62.4%) y energía eléctrica (65.2%). Salvo el servicio 911, casi todo lo consultado se percibe en deterioro, en mayor o menor grado.
Otro dato llamativo: el 60% de los consultados no simpatiza con ningún partido político, expresión directa del desencanto ciudadano. En ese escenario de desafección y fragmentación, la política local suma episodios pintorescos: la señora dama, “procónsul del imperio”, dejó de mandar desde el palacete de la Avenida Colombia y, popular y pueblerina, ahora reafirma sus poderes como gobernadora de la isla, rodeada de aspirantes a la presidencia y seguidores. Su presencia en un colmadón rojo de la villa de Sombrero, Baní, sintetiza la mezcla de poder informal, folclore político y el agotamiento ciudadano.
La encuesta confirma un país con instituciones debilitadas, problemas económicos y de seguridad en franco deterioro, alta desafección partidaria y liderazgos que, pese a apoyos relativos, enfrentan elevadas tasas de desaprobación. La combinación es preocupante para la salud de la democracia dominicana… y llega el invierno.





