Carlos Altuna Tezanos
El 6 de marzo de 1945, antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial, las naciones americanas firmaron el “Acta de Chapultepec” durante la Conferencia Interamericana en México. Este pacto de contingencia frente a las potencias del Eje introdujo el principio de solidaridad hemisférica, estableciendo que cualquier ataque contra la soberanía de un miembro, sería considerado una agresión contra todos y habilitando la legítima defensa colectiva para responder de manera conjunta a nivel militar o político.
El 2 de septiembre de 1947, ante el carácter transitorio del Acta de Chapultepec, las naciones americanas firmaron en Petrópolis, Brasil, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), otorgando permanencia jurídica a la defensa mutua contra agresiones continentales y extracontinentales, que impulsado por Estados Unidos durante la Guerra Fría, buscaba alinear a la región para contener el comunismo y la influencia de la URSS, sirviendo además como ensayo conceptual para la creación de la OTAN en 1949.
El TIAR procura asegurar la paz continental y proveer defensa colectiva ante agresiones externas o conflictos que atenten la soberanía regional., que frente a una crisis contempla convocar al Órgano de Consulta bajo la OEA para acordar medidas conjuntas como sanciones diplomáticas, económicas o el uso de la fuerza militar. Integrado inicialmente por 22 países, actualmente cuenta con 17 miembros activos tras el retiro de Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Venezuela y México.
Con el tiempo, el TIAR evidenció limitaciones de efectividad y aplicación ante incursiones unilaterales o cuando entraban en juego intereses de Estados Unidos, debilidad quedó expuesta durante la Guerra de las Malvinas, cuando ignoró el pacto con América Latina y apoyó política, militar y logísticamente al Reino Unido frente a Argentina, erosionando profundamente la confianza regional en este mecanismo de defensa mutua.
En este contexto, y con los objetivos enfocados en la seguridad hemisférica frente a las nuevas amenazas, el 7 de marzo de 2026 surgió el “Escudo de las Américas”, una alianza político-militar impulsada por la administración de Donald Trump para enfrentar las nuevas amenazas transnacionales a la seguridad nacional de la región. Su propósito es articular un compromiso de asistencia mutua para combatir mafias internacionales, narcotráfico, crimen organizado y bandas delictivas. Los Estados participantes comparten una postura política conservadora y una firme oposición a los modelos de izquierda.
La inclusión de estas pandillas resulta especialmente relevante para la República Dominicana, al legitimizar la amenaza de seguridad derivada de la crisis haitiana y situarla como un desafío transnacional, que facilitaría una mayor coordinación regional contra el lavado de capitales y sus redes logísticas, y ampliaría el acceso a inteligencia estratégica y reforzaría la capacidad del país de articular respuestas regionales frente a la criminalidad organizada en el Caribe.
El TIAR y el Escudo de las Américas no necesariamente compiten entre sí, sino que puede entenderse como herramientas complementarias de protección mutua. El Escudo representa una versión política y estratégica contemporánea del principio que dio origen al TIAR, adaptando la defensa colectiva a amenazas no convencionales. Su propósito es facilitar acciones conjuntas, rápidas y eficaces contra el crimen organizado, narcotráfico, pandillas y mafias transnacionales, fortaleciendo la estabilidad, la seguridad y gobernabilidad democrática en el hemisferio.





