Claudia Fernández L.
Esta crisis mundial actual refleja un sistema internacional tensionado por guerras simultáneas, potencias que compiten sin reglas claras y organismos multilaterales debilitados. Todo lo cual se traduce en mercados inestables, migraciones forzadas, gobiernos que navegan a ciegas. Aun así, en medio de la incertidumbre, se aprecian movimientos que apuntan a un reequilibrio posible. Vemos negociaciones discretas entre rivales estratégicos, nuevas alianzas regionales, una ciudadanía global más vigilante frente al poder. La noche es más negra cuando va a amanecer; no pensemos que estamos ante el “apocalipsis”, un colapso inevitable, sino ante una transición convulsa. Si los actores internacionales asumen responsabilidad colectiva, todavía es viable reconstruir un orden más cooperativo y menos vulnerable al caos.







