Pablo McKinney
Recientemente hablábamos aquí sobre lo que para una ciudad, pueblo o barrio representa la llegada de un gran negocio: Centro Cuesta, Bravo, Sirena, Ikea, farmacia GBC. La gran transformación que esa llegada provoca tiene efectos sociológicos, económicos y hasta psicológicos: el desmantelamiento del tejido social y la pérdida de la economía circular local.
Hasta ahora se había dicho/hecho muy poco —o nada— sobre esos efectos. Nada se había explicado ni advertido, hasta que al país llegaron los mandatos de la metrópolis de “evitar la maligna presencia china en nuestros países”, como afirmó la actual embajadora estadounidense, Doña Leah Campos, mientras era evaluada por el Congreso de esa gran nación colocada en el norte del continente americano.
Vista la manera en que agencias estatales han acatado el grosero mandato del Departamento de Estado contra la libre determinación del pueblo dominicano, continuemos aquí hablando de sogas delante de ahorcados y preguntando sin la esperanza de recibir una respuesta: ¿Alguien está de acuerdo en que el Estado dominicano afecte, haga fracasar a la librería Cuesta, porque con su confort, su personal eficiente, con los servicios colaterales del Grupo Cuesta y su inmensa capacidad para, por lógica de negocios y libre competencia, haya sacado del mercado a aquella Librería Trinitaria, con sus históricas tertulias y sus mecedoras de Matanzas; o haber desplazado, sin proponérselo, a la librería Mateca de doña Luisa, donde uno descubrió que existía Laura Giniday Avellaneda, la de Mario, y que en el Jardín Botánico los jóvenes se conocen, sufren y se aman “a la izquierda del roble”?
Hasta ahora, ni los efectos del crecimiento de las cadenas de supermercados, ni los de las cadenas de farmacias ni los de las “ikeas”, habían importado a nadie. Ha bastado la orden de quien humilla y manda para que se encandilen las hordas y, ridículos, hayamos vuelto a demostrar que nuestro patriotismo era sólo patrioterismo cínico, ridículo y “chulero”. Y tanto, que, ya ven, sólo nos llega el amor patrio y la dignidad nacional hasta el río Masacre y la Muralla china.





