Miguel Franjul
Algo que a menudo discutimos en la Redacción es cómo flexibilizar los clásicos estilos que usamos en el periódico impreso para coexistir con ellos a nivel de las redes sociales.
La idea no es “cualquierizar” los contenidos, formateados con el rigor de nuestras reglas, sino “potabilizarlos”a favor de una audiencia que va primero a las redes a buscar novedades.
De hecho, desde hace dos años se decidimos crear, con nuestros periodistas, el modelo “Los youtubers del Listín”, que hacían los reportajes al estilo de los nativos digitales.
Entendemos que las redes sociales son hoy la nueva plaza pública. En ellas se discute, se informa y se forma opinión. Y los medios tradicionales están obligados a bajar a esa plaza, con cuidado, por supuesto.
Porque el reto no es si bajar o no. El reto es cómo bajar.
Pero sin quitarse la toga. Sin sacrificar la verificación, el contexto y la responsabilidad por ganar vistas.
Acercarse a las modalidades de comunicar de las redes no puede significar parecerse a lo dudoso, a lo ligero o a lo “cualquierizado”.
Porque si un medio tradicional llega a la plaza digital sin sus principios, lo único que logra es dejar de ser referente para volverse uno más en el ruido.
El futuro de los medios tradicionales no está en competirle al ruido con más ruido.
Quien logre hablar en el idioma de las redes sin traicionar el idioma del periodismo, será el medio que la gente siga buscando cuando quiera entender, y no solo enterarse.
Porque al final, en la plaza o en la redacción, la credibilidad sigue siendo la única toga que no se puede perder.







