Jesús Castro Marte
Poseer la tierra es una ilusión, habitarla, respetarla y trabajarla es lo único que genera un vínculo real, esa era una de las formas en que podemos comenzar hablando y descubriendo la personalidad del Egregio y Pundonoroso de Don Alejandro E. Grullón Espaillat, dominicano excepcional, santiaguero de noble estirpe, hombre de fino trato, hombre acrisolado en el fragor de las grandes tempestades en donde se define el valor y a templanza de los verdaderos amigos
Nació en Santiago de los Caballeros el 3 de abril de 1929, del matrimonio de Manuel Grullón Rodríguez-Objío y Amantina Espaillat González. De su matrimonio con la señora Dinorah Viñas Messina (fallecida), procreó a Manuel Alejandro, Virginia María y Eduardo José Grullón Viñas; y, junto a su esposa, Melba Segura Castillo, a Alexandra María Grullón Segura.
Estudió bachillerato en la Escuela Normal “Ulises Francisco Espaillat”, en Santiago de los Caballeros; inició estudios de medicina en Bucknell University, de Pensilvania, y más tarde pasó a la Universidad de Syracuse, en Nueva York, donde se graduó de administración de empresas y ciencias forestales.
EL CIBAEÑO QUE RETÓ A UN BANQUERO Y LE DIJO “TE VOY A MONTAR UN BANCO”
La primera, yo era un niño; y una tarde del verano de 1963, llegó el joven Alejandro al negocio de provisiones, tejidos y ferretería de mi tío y segundo padre Máximo Galván en Sánchez, provincia de Samaná, y este me dijo que lo llevara a su casa. Y cuando conversaron en la galería de su casa, hubo tan buena química entre ellos que ese día el tío aportó una importante suma de dinero, como uno de los mil y tantos accionistas del banco, tan significativa que el joven Alejandro lo invitó a la inauguración del Banco Popular Dominicano, en enero de 1964. Y décadas después me dijo que se sostenía de los beneficios del Banco Popular. El documental revela cómo el presidente Juan Bosch le recomendó que redujera de un 30 % a un 20 % la participación del señor Rafael Carrión, patriarca del Banco Popular de Puerto Rico, entidad que aportó capital y tecnología al naciente banco dominicano. Y evidencia su talento para obtener la colaboración de socios, criollos y extranjeros, para lograr sus objetivos.
Fue en su época de empresario en el área agrícola cuando don Alejandro notó la necesidad de contar con mejores servicios financieros para la sociedad dominicana y, en agosto de 1963, obtuvo la autorización de la Junta Monetaria para la fundación del Banco Popular Dominicano, institución que abrió sus puertas el 2 de enero de 1964, siendo el primer banco de capital privado dominicano.
Hay en todas las existencias, así de los hombres como de los pueblos y tanto de los pueblos como de las instituciones momentos palpitantes de interés, de infinitas emociones, luchas alternas del temor y la esperanza, en que la vida parece concentrarse y estremecerse ante el abismo de incierto porvenir. No es posible haber alcanzado la plenitud de la vida, sin que haya pasado por nuestros nervios el estremecimiento con que nos atrae y nos rechaza lo desconocido al infundirnos la conciencia de algo inmensamente grande e inmensamente vago como el infinito. No de otro modo parece estremecerse la gota de rocío que se desprende del borde de la hoja protectora para lanzarse en momentos de crispación, en la tea de la envidia y la discordia azoraba como una marejada de aguas turbulentas para ser tambalear la obra y el trabajo del insigne filántropo Alejandro E. Grullón Espaillat siempre estuvo a su lado su amigo ad-vitam su excelencia Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito quien le dijo estas palabras fervientes “Alejandro, querido amigo estaré acompañándote en medio de cualquier tempestad, con mis oraciones y mi báculo será como un incienso para purificar tu obra bajo la intersección de la Virgen de la Altagracia.”
“No temas, amigo, que en medio de las luces y sombras que presenta el destino estaré a tu lado siempre, porque eres un paradigma de cibaeño al servicio del bien común”.
Realizó aportes a la institucionalización del sector financiero nacional a través de la fundación de la Asociación de Bancos Comerciales (ABA) y de destacadas instituciones de bienestar social como la Fundación Dominicana de Desarrollo (FDD), de fortalecimiento de la institucionalidad democrática como la Fundación Institucionalidad y Justicia (FINJUS) y de preservación y proyección cultural como el Museo de La Altagracia.
A la hora de su muerte, presidía la Fundación Popular, Inc. y desde el 2014 era el presidente ad vitam y consejero emérito del Grupo Popular Dominicano y de Banco Popular Dominicano.
Fue gobernador de la Comisión de Seguimiento a los Trabajos de Remozamiento y Mantenimiento de la Basílica Catedral Nuestra Señora de la Altagracia y presidente del Plan Sierra. Adicionalmente, fue miembro de la Fundación Patronato Cueva de las Maravillas, de la Fundación Sur Futuro y del Consejo Consultivo Presidencial
EL HOMBRE QUE LUCHÓ CONTRA LA ENVIDIA
“El verdadero éxito no es solo llegar arriba, sino mantenerse allí cuando llegan las críticas, los ataques y los intentos de bloqueo”.
(Don Alejandro E. Grullòn Espaillat).
Al fundar el Banco Popular, Don Alejandro E. Grullón Espaillat recibió el apoyo y la solidaridad de muchos dominicanos de buena voluntad, pero también tuvo decepciones fruto de su éxito; por eso, transcribo una de sus reflexiones de la vida acerca de la envidia.
Afirmaba que al dominicano “no le gusta la gente que tiene éxito” porque eso le genera envidia. En vez de trabajar su propio camino, muchos se sientan a diseñar cómo destruir al otro, cómo sacarlo de circulación, cómo manchar su nombre o bloquear sus oportunidades.
EL CIBAEÑO FUNDADOR DEL MUSEO DE LA ALTAGRACIA
Dando cumplimiento a la recomendación del Papa Juan Pablo II, el fundador del Banco Popular Dominicano y del Grupo Popular, Don Alejandro E. Grullón Espaillat, junto a monseñor Gregorio Nicanor Peña, entonces obispo de la Diócesis de Higüey, iniciaron la construcción del museo en junio de 2009, obra que concluyeron en julio de 2012. Desde siempre, la figura de don Alejandro estuvo íntimamente ligada al culto mariano de la Virgen de la Altagracia, siendo un propulsor del rescate y mantenimiento de la Basílica de Higüey e impulsando también la construcción de un museo que albergara la historia y milagros de la primera devoción mariana de América, y que esto sirviera de foco de atracción turística en la zona este y para todo el país.
LAS PALMAS Y LOS ÁRBOLES DE GRI GRI DE LA BASÍLICA DE HIGÜEY
Don Alejandro E. Grullón Espaillat, fruto de su amor y devoción a la Virgen de la Altagracia, fue la persona que dispuso la siembra de los árboles de palmas y gri-gri que se encuentran en los alrededores de la Basílica Catedral Nuestra Señora de la Altagracia.
EL ALFA Y LA OMEGA DE DON ALEJANDRO E. GRULLÓN ESPAILLAT
Don Alejandro E. Grullón Espaillat falleció el 15 de diciembre de 2020 (edad 91 años).
Terminó de inclinar el rostro sobre el silencioso umbral de la eternidad. Fue en una mañana del mes de diciembre de 2020, cuando la luz comenzaba a posarse serenamente sobre su hogar en Casa de Campo.
A eso de las nueve de la mañana, don Alejandro permanecía en su cama, en la intimidad de su hogar, acompañado por Alexandra, Melba y el Dr. José López. Allí, rodeado de quienes estuvieron junto a él en aquel instante definitivo, su vida fue apagándose serenamente.
Como un pino poderoso, que luego de haber resistido durante tantas décadas los vientos, las tormentas y el paso del tiempo, finalmente reclina su copa y descansa sobre la tierra, así se ausentó don Alejandro: en su hogar, en su lecho y acompañado por los suyos.
El autor es obispo de la Diócesis de Nuestra Señora de la Altagracia







