Frederich E. Bergés
El ahorro es uno de los pilares básicos de la prosperidad por cuanto conlleva posponer gastos innecesarios para reunir una cantidad de dinero que mañana se puede destinar a la inversión. Bien dice el refrán que el hábito del ahorro transforma la disciplina en tranquilidad financiera.
Pero el ahorro no es fácil cuando los ingresos son precarios y las necesidades tantas como acontece entre la mayoría de la población dominicana. Por ello los juegos de azar han tenido ese auge inusitado. Sin embargo, es de todos conocidos que las probabilidades de ganar están siempre matemáticamente en contra y la mayoría de las veces cuando hay pingües ganancias, terminan perdiéndose en el mismo juego.
Esta tentación abierta y legalizada explica el auge de las bancas de apuesta a lo largo y ancho de la geografía nacional. Además del juego digital electrónico, en el país se cita que hay más bancas de apuestas que escuelas y que las mismas exceden 31,000 bancas legales y otras 63,000 por legalizar. Se afirma según conocedores, que en el país se juegan unos RD$400 millones diarios, toda una calamidad nacional.
Los juegos de azar, y las bancas en particular, compiten con el desorden del tráfico vehicular en determinar cuál de las dos es el peor mal social que nos aflige. Sin dudas, la plaga desordenada e incontrolada de las bancas y los juegos de azar es el atentado más grave contra un futuro sano. No podemos seguir apostando por sueños falsos en detrimento de tantas necesidades y la economía de cada hogar.







