Manuel Campo Vidal
Igual que se habla de annus horribilis, deberían analizarse los meses horribles; y el agosto que dejamos atrás encabezaría, al menos, lo que va de década. Europa sufrió los peores calores del siglo y los incendios devastaron superficies equivalentes a un estado. Colombia se sumó a la lista de terremotos en su región y riadas como la del Himalaya, por deshielo de glaciares, amenazan a quince millones de personas que viven en cordilleras, incluyendo los Alpes y los Andes.
La guerra de Ucrania se recrudeció y el genocidio israelí en Gaza compite en crueldad con el que padeció el pueblo judío a manos del nazismo. Se cumplió medio año de la guerra de Trump en Irak sin vislumbrar salida. A Estados Unidos se le agotaron los misiles mientras los tripulantes de sus unidades navales reclaman más psicólogos, porque hay gente embarcada hace diez meses que ya no aguanta.
En la retaguardia, el crédito del presidente norteamericano sigue bajando, aunque veremos que pasa dentro de dos meses en las elecciones legislativas. Su policía especial del ICE sigue azotando a los inmigrantes y ahora actúa sobre las paradas de autobuses escolares. Eso explica el descenso de alumnos hispanos en el nuevo curso.
Y todo el mundo, norteamericanos incluidos, paga la subida de la inflación a cuenta de la escasez de combustible. Los cálculos de Netanyahu y los estrategas del Pentágono, si los hubo, sobre la resistencia del régimen iraní, erraron: la dictadura se endureció y el paraíso de los pequeños países árabes del Golfo Pérsico se ensombreció. Antes, Dubái era un destino soñado y ahora va allí el que no tiene más remedio.
Además, país por país europeo, todo ha ido a peor en ese mes. Francia paralizada por el retroceso de su PIB; Alemania atemorizada por el ascenso de la ultraderecha en las elecciones de los Landers; Italia critica la sobre actuación de Giorgia Meloni en la “crisis fronteriza” con España suspendiendo el espacio Schengen cuando su problema es interior: el ascenso electoral del general ultraderechista Vannacci, eurodiputado de Futuro Nazionale.
Pero lo peor, España. La invasión territorial en Ceuta noqueó al Gobierno de Pedro Sánchez que tardó veinte días en crear un mando único; que no evitó discrepancias públicas entre sus ministros Robles y Marlaska; y que quizás aun no haya comprendido el origen de la descomunal agresión. No es capítulo cerrado. Atentos. Si Sánchez confiaba en el verano para remontar, agosto lo ha golpeado seriamente. Casi desaparecido durante semanas, su intervención en el Congreso el jueves 3 puede anunciarnos otra época: el calendario de su salida porque, salvo milagros, este puede haber sido el ultimo agosto con Pedro Sánchez.







