Felipe Román
Apreciado lector, para la definición de inseguridad, puede usted encontrar en internet y en otras fuentes, como “La falta de seguridad”. En realidad es risible porque eso podría decirlo, sin tener que pensar mucho, Joselito el limpiabotas de los militares y pacientes que desde hace muchos años acuden al Hospital Central de las Fuerzas Armadas. O también Juancho, un señor que vende unas ricas empanadas en el populoso sector de Villas Agrícolas.
Aclaramos que esos ejemplos no tienen la intención de denostar a esos nobles y esforzados “chiriperos” nuestros que hacen cada día todo lo posible por lograr conseguir los recursos para poner dignamente el pan en las mesas de sus casas.
Así que vamos a decirle a usted de una manera fácilmente comprensible que la inseguridad personal es básicamente la ausencia o disminución de la confianza en usted mismo (a), a lo que se añade, la falta de identificación y del valor que usted debería tener.
En esa obra fundamentalmente el autor enseña que el sentimiento de inferioridad = inseguridad nos puede llevar a vivir una vida marchita y llena de frustraciones.
Debemos aclarar que no nos referimos a otros tipos de inseguridades, como por ejemplo la ciudadana que muchos sentimos por la criminalidad descontrolada, o por lo riesgoso que se ha convertido el tránsito, u otras cosas de nuestra agitada vida cotidiana.

Los cambios sociales en nuestra sociedad han influido muchísimo en el aumento del síntoma de la inseguridad.
Sin embargo, a partir de la década de los ochenta del siglo pasado, las cosas cambiaron y comenzó a irse imponiendo que las personas eran más valoradas y hasta “admiradas” si podían mostrar que habían sido bendecidos por la “diosa fortuna”, aunque la riqueza haya llegado fruto de la venta de drogas ilegales en cualquier lugar del mundo.
También cambió que la mayoría de servidores públicos solían ser honestos, pero muchos dejaron de serlo, lo cual fue “retratado” en un pimentoso merengue dado a conocer por nuestro Wilfrido Vargas en 1983, titulado “El funcionario”, compuesto por Manuel de Jesús y Jaime Shanlate. Por su temática, ese merengue se hizo sumamente popular.
Es necesario aclarar que el anhelo y los esfuerzos por lograr prosperidad no es malo. Todo lo contrario, Jehová desea que seamos prósperos. Incluso uno de los diferentes nombres compuesto que tiene Jehová es Jehová Jired = El Dios de la prosperidad, o Dios proveerá.
Y si usted estudia la Biblia encontrará que todos los líderes que Jehová amó fueron muy prósperos, como por ejemplo Abraham, David, Salomón y muchos más. Eso descarta que buscar la prosperidad sea malo, lo inadecuado es que usted intente lograrlo creyendo que eso le dará valor personal.
Y Jesucristo en lo que se conoce como la parábola de los talentos también hace una fuerte crítica y reprimenda a aquellas personas que, teniendo una clara oportunidad de prosperar, la desperdician, precisamente por ser personas inseguras.
En esa parábola Jesucristo hasta podría parecer injusto, debido a que la finaliza de la manera siguiente: “Porque a todo el que tiene, se le dará más y le sobrará; pero al que no tiene, aún lo que tiene se le quitará. Y al siervo inútil, échenlo a las tinieblas de afuera. Allí será el llanto y el rechinar de los dientes”. (Mateo 25:29_30. Versión Biblia de Jerusalén latinoamericana).
Así que debemos buscar prosperar, pero sin que eso trastorne nuestra percepción de nosotros mismos; o sea que no nos valoremos por las cosas materiales que podamos obtener, sino por lo que somos como personas.
Aunque a usted le parezca increíble o extraño, le diré que hay muchas personas que no son perezosas. Sin embargo, tampoco tienen un gran anhelo de ser muy ricas, debido a que se sienten bien como están y con lo que son.
Veamos un importante ejemplo que nos transmite el famosísimo filósofo Aristóteles en su libro titulado “La política”. Por ejemplo, el caso de Tales de Mileto. “Cuentan que una vez que unos le reprochaban, viendo su pobreza, la inutilidad de su filosofía. Previó gracias a sus conocimientos de astronomía que habría una buena cosecha de aceitunas, cuando aún era invierno; y con el poco dinero que tenía entregó las fianzas para arrendar todos los molinos de aceite de Mileto y de Quios, alquilándolos por muy poco cuando no tenía competidor, y en cuanto llegó la temporada, los realquiló al precio que quiso y reunió un buen montón de dinero para demostrar que es fácil para los filósofos hacerse ricos cuando quieren, pero que no es por eso por lo que se afanan”.
Para finalizar vamos a dejarle algunas reflexiones sobre la vida que hace el famoso Leonardo Da Vinci, en su libro “Cuaderno de notas”. Veamos: “Las personas nos engañan y el tiempo nos desilusiona. La muerte se ríe de nuestras preocupaciones. Las ansiedades de la vida son nada. Es enormemente insensato aquel que vive siempre deseando tener más. Su vida desaparece en el momento en que todavía está esperando disfrutar de las riquezas adquiridas con tanto trabajo. El tiempo se desliza sin ser notado y engaña a los mortales. No hay nada más escurridizo que los años, pero el que siembra virtud recoge alabanzas.
Así como un día bien vivido produce un sueño feliz, una vida bien vivida fructifica en una vida feliz”.
Conclusión: Esperamos y deseamos que usted ponga en práctica lo de valorarse a sí mismo, no basado en sus bienes materiales, sino en su identificación de lo que usted es como persona en el trajinar de la vida cotidiana, para que no lleve una vida marchita y llena de vicisitudes.
Y recuerde siempre que la Biblia dice así: “La bendición de Yahvé enriquece, y nada le añade fatiga”. (Proverbios 10:22. Versión Biblia de Jerusalén latinoamericana).
El autor es psiquiatra y general retirado del Ejército de República Dominicana.







