La Redacción
Santo Domingo
Durante 60 años, la Fundación Dominicana de Desarrollo Inc. (FDD) ha guiado el crecimiento productivo de las microempresas, convirtiendo el crédito responsable en progreso sostenible mediante programas de capacitación, mentoría, educación financiera y apoyo para la formalización de los negocios de sus clientes.
De manera explicativa, parte de su consejo directivo contó al Listín Diario que la fundación es una organización sin fines de lucro que busca crear oportunidades dignas para los sectores excluidos, poniendo por delante al ciudadano antes que al empresario, asegurándoles la sostenibilidad a largo plazo y acercándoles a la banca tradicional.
“A nosotros lo que nos impacta es ver la calidad en las vidas de las personas que son beneficiarias de esos programas de financiamiento”, sostuvo su presidente, Jean Paul Quiroz, mientras agregaba cómo
En la práctica, no se trata solamente de un canal de financiamiento para aquellas personas de escasos recursos que deseen mejorar sus negocios, sino que también ofrece un acompañamiento integral que les brinda microcréditos productivos orientados a transformar sus empresas informales, préstamos especializados a sus necesidades, ya sea para la mejora de sus viviendas enfocados en ecoturismo, además de ofrecerles talleres de desarrollo empresarial, educación financiera, mercadeo digital y uso de redes sociales.
Paul Quiroz comentó que este proceso los orienta a involucrarse más con la formalización laboral, quitándoles el “miedo” de que esta les vaya a quitar algún beneficio y haciéndoles entender los beneficios de esta práctica.
Ejemplo de esto es Luis Manuel Batista, un joven de 27 años con una microempresa turística que mantiene a Jarabacoa como centro turístico por su iniciativa en los vuelos con parapentes, dando empleo a ocho personas y creando un ecosistema de crecimiento local por su colaboración con pequeños productores, guías turísticos, fotógrafos y artesanos, además de contribuir a la economía circular de la zona.
“No era un turista, ni un aventurero ocasional, era un joven de campo que, al sentir el viento en el rostro y ver el mundo desde arriba, decidió que ese deporte extremo sería su forma de vida”, se mantiene escrito en las memorias institucionales de la fundación.
Lo que en un principio inició como una tradición culinaria familiar, hoy en día evoluciona a un negocio formal capaz de transformar a toda una familia para mejorar sus condiciones de vida y asegurar la educación de sus hijos, consolidándolo como un proyecto sostenible a largo plazo.
Crecimiento económico
Con una población total de 61% mujeres y 39% hombres, tan solo en el 2025, la organización sin fines de lucro mantuvo una clientela entre los 26 y 40 años, además de una cartera bruta que cerró con RD$654 millones y un crecimiento de RD$18.8 millones.
La proyección de estos números permite medir el impacto social y ambiental de los beneficiarios al formar parte de la FDD, aun cuando continúan enfrentando retos como la vulnerabilidad del sistema, problemas de salud, crisis de liquidez, competencia desleal y agresiva de los usuarios y los altos costos operativos que asume la fundación para mantener su sostenibilidad e impacto social.







