Miguel Franjul
Sin que sean necesariamente noticias, los periódicos también enganchan y fidelizan lectores con contenidos de otro tipo.
Quienes no conocen la vida interna de un periódico no imaginan las reacciones de los lectores cuando sus piezas favoritas no salen, o aparecen con alguna deformación o error.
A los tres días de la reducción del formato estándar del Listín al actual formato tabloide, un grupo de damas adultas, que reivindicaba su condición de suscriptoras por décadas, acudió a mi oficina a presentarme una protesta formal.
Se quejaron de que, en el nuevo formato, las letras del crucigrama salían más pequeñas, lo que les dificultaba llenarlo, y que por esa razón habían decidido cancelar sus suscripciones.
Me sonreí por dentro y les dije que, a mi entender, se trataba de una ilusión óptica. Al buscar los crucigramas del formato estándar y compararlos con los del nuevo, comprobamos que las dimensiones y el tipo de letra seguían siendo exactamente los mismos.
Así pude sofocar una rebelión que también manifestó la redacción con un enorme caudal de quejas de otros lectores ante la oficina de Servicio al Cliente, configurando una inesperada tormenta de rechazos.
Después de mis explicaciones, las damas reconsideraron su decisión inicial, optaron por mantener sus suscripciones y hasta me ofrecieron enviarme un bizcocho y flores “por el trato amable y respetuoso” con que las recibí.
Otras experiencias semejantes se han producido cuando desaparecen piezas habituales de lectura o se cambian por nuevas versiones. Ha ocurrido con los horóscopos, los listín-gramas, los muñequitos, los avisos clasificados o los obituarios.
Les cuento estas historias para hacerles ver que, si bien el periódico, por tradición, es un conjunto de noticias, artículos de opinión, caricaturas o gráficos, existen otros elementos que los lectores también valorizan, sin que los editores lo sepamos.
Estos elementos no suelen ser tomados en cuenta en los sondeos que miden el nivel de preferencia de los contenidos tradicionales, pero llegan a adquirir un peso relevante en las pruebas de fidelización de los lectores.
Esta realidad me convence de que, más allá de las noticias, los periódicos cuentan con unas hormonas vivas —que son estas piezas aparentemente irrelevantes— que enganchan a los usuarios.
Si los periódicos no calibran en su justa importancia el valor que tienen estos “plus” no informativos, pueden perder la fidelidad de buena parte de su audiencia a la hora de migrar a las plataformas digitales prescindiendo de ellos.







