Gonzalo Marroquín Godoy
El siglo XXI ha venido a trastocar el orden mundial en muchos campos. Todo indica que estamos ante una ola peligrosa de avances tecnológicos –especialmente en torno a la IA–, mientras que, en las relaciones políticas, comerciales y de justicia, se observan cambios radicales con movimientos que van moldeando un mundo muy diferente al que conocemos.
En pocos días –a partir del 22 de septiembre– las Naciones Unidas (ONU) realizarán su Asamblea General anual, esta vez bajo el fantasma de un gigantesco debilitamiento, producto de un nuevo orden mundial, en el que la organización ha dejado de ser un actor protagónico, para convertirse en un ente multilateral que debe luchar por su subsistencia.
Algo que hace dos años parecía impensable se ha visto en las últimas semanas. Donald Trump presionó tanto a Canadá con su guerra de aranceles, que provocó el rompimiento de dos firmes aliados que parecían nacidos para mantener unidos sus destinos. Ahora, el primer ministro Mark Carney dio un giro radical y, en vez de soportar los ataques de su vecino, respondió enérgicamente y decidió fijar su atención en Europa… y ha logrado su cometido.
Ottawa y Bruselas se están blindando mutuamente ante los ataques comerciales que puedan llegar, a la vez que protegen sus cadenas de suministros fuera de la órbita de incertidumbre que genera Washington.
Pero esta noticia de gran impacto global no es la única que muestra efervescencia. La China de Xi Jinping , como suele moverse, lo hace con un estilo muy diferente, pero certero. Sin mucha bulla, Pekin ha tomado un liderazgo en el bloque conocido como Brics+, el cual se ha ido expandiendo más allá de los países fundadores (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y ahora incluye a países Oriente Medio y África. Mientras uno destruye, el otro construye.
Este nuevo “reordenamiento” mundial afecta también a nuestra región. Washington aplica una política que algunos llaman de “garrote y zanahoria”, condicionando el comercio (aranceles) y la ayuda, a la contención migratoria y el combate contra el narcotráfico. Aquí no caben medias tintas: “o estás conmigo o estás contra mí”.
La creación de la alianza “Escudo de las Américas” con 19 países del continente es una muestra de que la estrategia ha funcionado, aunque tres países clave no han cedido a la iniciativa de Washington: Canadá, México y Brasil mantienen una línea independiente.
La llamada “Junta de Paz”, impuesta por el propio presidente Trump, fue creada como una especie de “club privado” para resolver conflictos al margen de la ONU… ¡Por supuesto! Incluso, hay declaraciones del mandatario estadounidense diciendo que la Junta podría “sustituir a la ONU”.
Por último, hay que destacar que dentro de esa política exterior que está forzando este “nuevo orden mundial”, se han dado los ataques frontales de la Casa Blanca contra la Corte Penal Internacional (CPI), al extremo de dictar sanciones ejecutivas y sanciones financieras dirigidas contra magistrados y fiscales de la CPI que dictaron ordenes de captura contra los líderes de la guerra de Gaza (Netanyahu) o el propio Putin.
Las preguntas en el ambiente son: ¿Qué tan profundos serán los cambios? ¿Cómo afectarán a Latino América?¿Sobrevivirá la ONU a los embates de Washington?, y por último, ¿cambiará esta tendencia si Trump y los republicanos pierden el control del Congreso en noviembre? Son demasiadas interrogantes y hay muchas dudas. Mientras tanto, el “nuevo orden mundial” se va configurando y empezará a consolidarse.
De momento, la atención se centrará en la Asamblea General de la ONU, en donde seguramente habrá discursos y posturas muy importantes de líderes mundiales. Es de esperar que haya mensajes reveladores que permitan sacar conclusiones o visualizar lo que está por venir… Pero que los cambios dejarán marcas, no cabe duda.






