Emerson Soriano
En las emisoras de radio, los locutores anuncian con manifiesta amargura su deceso. Los comentaristas y “analistas políticos” rasgan sus vestiduras y prodigan elogios al difunto. Se exprimen el cerebro en un ejercicio biográfico que resalta sus cualidades de gran patriota y su preocupación por la preservación de nuestra identidad nacional mostrada durante años a través de las redes sociales, donde quedaron documentadas los cientos de visitas del personaje a la zona de nuestra frontera con Haití, desde donde hizo una miríada de reportajes mostrando el desamparo estatal de esa población y su preocupación permanente ante el fenómeno migratorio que la drena, conforme los jóvenes, que no visualizan ningún horizonte de proyección a sus sueños de movilidad social, van dejando su lar nativo a sus padres y abuelos -segmento poblacional compuesto por envejecientes-, hombres y mujeres sin fuerzas para realizar tareas que muestren el animus domini y afiancen la territorialidad cultural que sirvan de barrera demográfica con respecto a nuestros vecinos.
Sin embargo, les tengo una gran noticia: lo que hasta ahora han leído, NO ES CIERTO. Iván Gatón, para tranquilidad de todos y para suerte de muchos sigue tan vivo como usted que ahora me lee. De modo que el título de este artículo, sin ser una parodia de “La muerte de Iván Ilich”, famosa novela de León Tolstói, ni mucho menos una realidad, apenas constituye una prefiguración contrafactual mía de lo que ocurriría si aquel indeseado fenómeno se produjera. Y es que, como se atribuye a Eugenio María de Hostos haber dicho, en nuestra América solo sabemos de nuestros grandes hombres cuando son nuestros grandes muertos. Y quizá es lo que espera nuestro liderazgo para conceder a este filántropo que responde al nombre de Iván Ernesto Gatón el lugar y la atención que merecen sus advertencias acerca del tema fronterizo, y su propia persona, en tanto intelectual que se subroga en el papel que toca a muchos de nuestros políticos que se mantienen “haciendo su diligencia”, mientras aquél entrega su vida y su conocimiento a concienciar a los dominicanos acerca de su compromiso con la creación y el sostenimiento de un muro humano en nuestra frontera con Haití.
Hasta ahora no hay indicios de que los líderes políticos vayan a atender sus advertencias. Y si hablamos de los ciudadanos comunes, el panorama es aún menos alentador. No nos hemos preocupado por formar ciudadanos críticos. Habitamos un país donde ya algunos quieren votar al “rey de los bichos” y seguramente desdeñan el pensamiento riguroso de un Iván Gatón, y “sus sueños”.







