Manuel Campo Vidal
Hay crisis graves, otras gravísimas, y crisis demoledoras. La de Ceuta pertenece a la tercera casilla. El enredo en la Delegación del Gobierno en esa ciudad, que ya se ha cobrado la dimisión del jefe de gabinete, quien asegura que avisó de la avalancha humana, compromete al Delegado y cuestiona si pasó el aviso a Moncloa y allí no lo supieron calibrar.
Los papeles desclasificados centran el tiro de las responsabilidades sobre quien estuviera al mando del aparato gubernamental el 29 de julio, víspera de la llegada a nado de miles de jovenes, con más de un centenar de ahogados. Vacaciones vale, pero al frente debe quedar alguien con instinto político y capacidad de mando. No valen para esto los reyes del PowerPoint. Una cosa es planificar, o diseñar marketing electoral, y otra gobernar los mandos del poder.
La demoledora crisis de Ceuta -la peor del mandato de Pedro Sánchez- veremos a donde conduce. Cierto que nadie ayuda, porque el PP pide solidaridad con Ceuta pero sus barones autonómicos se niegan a admitir a algunas de las 500 niñas desamparadas que ha dejado en trágica herencia aquel desembarco humano. Triste. Los socios del Gobierno huyen porque no quieren auxiliar a un ejecutivo apurado que sigue discutiendo internamente donde falló. Y no solo no ayuda Marruecos, sino que indigna, porque ni siquiera acepta el retorno de sus jóvenes, ni vivos, ni muertos; las víctimas son enterradas en Ceuta, aunque acudan familiares a hacerse cargo.
Hay extraños interrogantes internacionales sobre el “castigo” a España que pudo significar esta acción, en un intento desestabilizador sin precedentes. Se barajan los nombres de Estados Unidos, de Israel e incluso de Rusia, país especializado en agitación digital, como demostró en el Brexit. Sea lo que fuere, siempre con la connivencia de Rabat.
Pero a la espera de más investigaciones, vale la pena destacar que lo sucedido ha disparatado las previsiones electorales, incrementando las incógnitas. Parece detectarse en las encuestas que la tendencia de Vox a crecer sobre las expectativas del PP se aceleran. Veremos hasta donde. Y que los intentos de resurgimiento del PSOE, que esperaba recuperar paz y fuerzas en el verano, reciben un duro golpe.
Está por ver si la crisis de Ceuta y sus salidas -que esto no ha terminado- modifica el calendario electoral que solo está escrito en la cabeza de Pedro Sánchez. Acaso, adelantar las elecciones al primer trimestre, para tener después municipales y algunas autonómicas, el último domingo de mayo. La hipótesis de que Sánchez aguante sin urnas hasta julio, cuando termine la legislatura, o incluso con prórroga de tres meses, puede desinflarse. Aunque prever lo que va a hacer el Presidente es ciencia de alto riesgo.
Entretanto, Cataluña ha celebrado su fiesta nacional mostrando la debilidad del independentismo tradicional y la pujanza del independentismo ultra de Aliança Catalana. Las próximas elecciones autonómicas pueden traer un Parlament exótico, con esa formación como llave de la Generalitat. Y previamente, resultando decisiva en muchos ayuntamientos. Todos bajarían, especialmente Junts, el partido de Puigdemont.
En Sant Boi de Llobregat se celebró antes el 50 aniversario de la primera Diada autorizada por el Gobierno Civil. Superviviente de los que hablaron entonces es Miquel Roca Junyent. Admirable su presencia, su vigor, su calidad y que estructurara su discurso de ahora sobre el texto de hace 50 años. Vigente, sobre todo, su llamamiento a conquistar la libertad, con el compromiso de no perderla. Atención, que puede estar en riesgo.







